Quiero cuidar este hermoso amor - Cap 1
Reportar Imagen Dañada / No cargada / Desordenada [AQUI]
Chapter 1
"Bienvenido. Por favor, tome asiento allí".
Últimamente, todos los días por la tarde, los clientes entraban en la tienda uno tras otro.
Durante los descansos del trabajo, los trabajadores y las familias con niños pequeños, acudían para comer y pasar un buen momento juntos. Y por eso mismo, la estrecha tienda se llenaba muy, muy rápidamente.
"Por aquí hay una mesa para usted. Oh, claro que sí. En un momento viene su orden."
Mientras la pequeña tienda bullía con voces animadas, Nico corría hacia el mostrador y de regreso con un montón de platos. En realidad, siempre iba y venía por aquí y por allá entre las mesas hasta que llegaba la hora de cerrar.
"El almuerzo de hoy para cuatro, por favor".
"Si, en un momento".
"Aquí, dos porciones".
"Sí, por favor espere".
Colocó fruta de temporada como fresas, melocotones y melones traídos de un huerto cercano, abundante crema pastelera y nata fresca para poder hacer los postres mientras colaba su ya muy famoso té de rosas.
Después de sacar el plato para el almuerzo, sirviendo todo con una gran sonrisa, lo siguiente que tenía que hacer eran las crepas para la tercera y quinta mesa. Cuando horneaba una crepa, redonda y esponjosa, cubierta y rellena, el dulce aroma de la mantequilla se esparcía por toda la tienda hasta estimular el hambre de sus clientes.
Recientemente, aquí, en las afueras de un pequeño pueblo llamado Valle de las Rosas, "Nico's Happy Garden", se había vuelto el café más popular del mes.
Valaquia era un país hermoso, con casi toda su tierra llena de rosas de damasco. Los países poderosos tenían enormes ejércitos que utilizaban para la guerra. Sin embargo, las montañas empinadas, que solo se podían cruzar a caballo, los valles y ríos con solo puentes angostos, y la topografía rodeada por el Mar Negro, lo convertían en una fortaleza natural que dificultaba la invasión desde el exterior. Y gracias a eso, existía una paz tranquila y humilde por los alrededores que permaneció hasta la actualidad.
El aroma dulce y refrescante de la rosa damascena flotaba en la ciudad durante todo el año, y las flores se veían por todas direcciones. Por eso mismo, las tiendas que vendían té y postres de rosas eran muy populares y la tienda de Nico era, quizá, la más pequeña y querida de ellas. Lo llevaba a cabo solo, por lo que no había muchos menús: Pan dulce, café y fruta de temporada recién recogida por la mañana. El almuerzo consistía en sopa de pollo, carne picada y gratinada llamada "moussaka" y brocheta de hamburguesa, que como decía el nombre, consistía en un pan recién horneado, con crema agria en forma de corona esponjosa, con mucho queso adentro. La hora del té, en la tarde, tenía como especialidad frutas, crema pastelera y crema batida. Por supuesto, no había escasez de clientes desde la apertura hasta el cierre y le iba muy, muy bien. Aun así, aunque era popular, se aseguraba de cerrar la tienda a las 4:00 pm debido a sus responsabilidades porque, además, el dueño era un joven de unos veinte años llamado Nico, como la tienda.
"¿Qué debo hacer? Pensé que podía hacerlo solo, pero no puedo salir del embrollo sin contratar a alguien. Tengo que cuidar a mi Michalis".
Niko estaba en la esquina de la tienda mientras limpiaba la cafetera para poder utilizarla en la hora del té. El bebé, Michalis, estaba entre sus brazos mamando su camisa.
"¿Qué tengo que hacer, amor?"
Michalis estaba sonriendo, con los ojos muy, muy abiertos.
"Boo-boo-boo-boo."
"Claro, Michalis todavía es un bebé".
"¡Ah!"
Para Michalis, que apenas iba a cumplir un año, eso era todo lo que podía decir. Es más, no podía ni pronunciar "Niko-kun" con claridad, y se sentía como un "Ni-kyu" bastante desentonado.
Pantalones hinchados debido al pañal y una camiseta de color blanco puro con bordados de flores. Era increíble lo perfecto que le quedaba el estampado de esta región. Su suave cabello esponjoso, de color marrón dorado, ojos redondos de tono ámbar, y mejillas regordetas y rojitas, eran tan lindas que Nico no dejaba de besarlo. Es más, estaba increíblemente feliz de saber que vestían de manera similar y que además, se parecían un montón todo el tiempo. No solo por la ropa, sino también por los puntos en común de cabello castaño dorado, ojos color ámbar y piel blanca. Como si fuera su pequeña copia creada a la perfección.
"Oye, Nico, parece que lo estás pasando mal".
La persona que le llamó, fue un anciano llamado Peter. Alguien que siempre estaba en la primera mesa tomando té mientras leía el diario.
"Demasiado. Es una fortuna, pero me canso tanto todos los días que... Uff, ya no sé que estoy haciendo".
"¿Por qué no contratas a alguien? Creo que todos necesitamos un par de manos extras de vez en cuando".
"Así es." De pie en el mostrador y aplastando pétalos de rosa secos, Nico sonrió y luego dijo. "Pero no puedo hacerlo, la agencia de empleo dice que soy un inmigrante vagabundo."
Pero en lugar de ser un inmigrante a la deriva, era un refugiado de guerra al que se le había permitido vivir temporalmente en el pueblo. Pero ya que no era un ciudadano oficial, no gozaba de muchos privilegios y no le daban garantías. Tampoco podía solicitar el examen aunque deseara convertirse en un ciudadano formal para garantizar su futuro. Eso, más que nada, porque quería ocultar su existencia tanto como fuera posible. No le convenía que supieran que estaba aquí, vivo, y con un bebé llamado Michalis.
"Pero eres un refugiado de guerra que huyó de Moldavia".
"Sí, pero..."
"Entonces, ¿No puedes usar la oficina de reclutamiento del gobierno?"
"No creo que..."
"Ah, ¡Ya sé! Es clásico, pero ¿Qué tal si pones un letrero? Bueno, es posible que no lo vea mucha gente pero, no pierdes nada con intentar".
"¿Usted cree?"
"Sí, esta temporada es perfecta para eso. Los trabajadores, que están en las granjas y jardines de rosas durante el verano, buscan otro trabajo en el invierno. También las minas cercanas están cerradas por las nevadas así que tienes más chance ¡Lo pondré en el tablón de anuncios de nuestro jardín de rosas!"
"Gracias pero... Con uno en mi jardín basta."
No quería hacer un gran problema de esto porque, ya lo había dicho, de verdad intentaba no destacar tanto como fuera posible. Realmente no quería contratar a nadie. Sin embargo, si esto continuaba así de mal, la tienda no podría mantenerse en pie ni un solo minuto, no sin desmayarse. Y sin esta tienda, Michalis y él no tendrían nada.
Niko bien podría trabajar como enfermero de hospital porque tenía los estudios, pero encontrar un trabajo que le permitiera cuidar de su bebé las 24 horas del día, los 7 días de la semana, era un desafío. Ahora que esta tienda iba por buen camino, tenía que pensar en una forma de mantenerla en funcionamiento en lugar de dejarla botada.
El trabajo principal era el servicio al cliente, deshojando las rosas y hierbas. Había algo de trabajo manual, como cortar leña, buscar agua y palear la nieve. No se necesitaba experiencia. Se permitía vivir adentro y también tenía una habitación infantil en caso de aquellos que fueran con niños.
Nico lo escribió con tiza en una pizarra grande y la dejó en su jardín.
Vivía en una casa antigua de piedra frente al bosque, pero el segundo piso no se utilizaba, así que si alguien quería vivir allí, también podía rentarla. Hasta hace unos años fue utilizado como posada de viajeros y alquilada por una pareja de ancianos, pero ahora que solo estaba él y el niño, en realidad se quedaban todo el tiempo en la sala o en el comedor. Ni siquiera hacían ruido.
"Me pregunto si vendrá alguien".
Mientras la brisa fresca de la tarde acariciaba su cuello, Nico entrecerró los ojos y se dirigió al frente de la tienda. Observó el bosque que se extendía a lo largo del camino y vió un sendero profundo con densos árboles de coníferas y más allá de los arbustos, un gran lago y una montaña gigantesca. Y más, más allá de las imponentes rocas, se encontraba el reino en guerra de Moldavia. La ciudad natal de Nico. Antes de llegar a Valaquia como refugiado, Nico vivía en un monasterio en el lado moldavo de la frontera. No tenía familia. Cuando cumplió seis años, su padre y su madre murieron uno tras otro, dejando a Nico solo y criado en la Iglesia Ortodoxa. Estaba aprendiendo a ser un monje y ayudaba con las comidas, pero luego comenzó a ayudar en el jardín de hierbas de la clínica contigua y gracias a eso, pudo estudiar artes culinarias, herbolaria y enfermería además de los estudios necesarios para convertirse en monje. Algo muy útil para su vida ahora.
"Si puedo encontrar un empleado, me gustaría cultivar más plantas en mi patio trasero y poder trabajar con hierbas medicinales para el invierno. Sería bueno para Michalis y podría venderlo muy bien a los clientes."
No sabía qué estaban haciendo el sacerdote y sus compañeros monjes en ese monasterio justo ahora. Estalló una guerra civil y la instalación quedó en ruinas. Tanto así, que Nico se unió a un grupo de refugiados que avanzaban por las montañas nevadas para escapar de los estragos de la guerra y establecerse en otro lugar. Entonces ayudaba a cuidar a los enfermos y heridos, cocinaba las comidas y, cuando llegó a la ciudad a principios de la primavera, hace varios meses, se dedicó a enseñar letras. Al principio, le preocupaba si podría o no vivir con un bebé tan pequeñito y aún así, logró llegar a fin de mes gracias a la ley de protección de refugiados. Al contrario, incluso le dieron un trato preferencial por tener al niño. Luego comenzó con esta tienda y, afortunadamente, la gente local empezó a reunirse para comprar y su vida finalmente se encaminó en buena dirección. Pero por desgracia, también se llenó de trabajo debido a la reputación demasiado buena.
"Oye..."
Cuando estaba mirando vagamente el bosque, una voz le llamó desde atrás. Al darse la vuelta, vio a las sirvientas que trabajaban en una mansión aristocrática cercana, mirándole con curiosidad mientras lo regañaban por ser tan descuidado:
"Entre a la casa antes de que oscurezca. Han habido osos por aquí últimamente".
Era cierto que las profundidades del bosque ya habían sido envueltas en la oscuridad y el aire era completamente helado ahora. Al anochecer, cuando el sol se ponía, el bosque parecía más grande y más profundo y daba muchísimo, muchísimo miedo. Sentía que lo iba a tragar.
El verano estaba a punto de terminar. Hasta ahora, los días siempre fueron largos e incluso después de las 8 pm, seguía estando tan brillante como la mañana. No obstante, a partir de ahora, las noches iban a ser cada vez más largas y más frías. Le gustaría conseguir algunas uvas y duraznos a principios del otoño y hacer vino y mermelada casera. Sin embargo, necesitaba abastecerse de rosas y hierbas, y leña para sobrevivir al invierno. ¡De verdad tenía que prepararse un montón y él no era tan fuerte!
"Espero que encuentre una buena persona lo antes posible".
Nico, quien había recibido educación en la iglesia, hizo una cruz frente a su pecho y luego le dio la espalda al letrero. Fue hacia el dormitorio al lado de la tienda, y revisó que Michalis estuviera dormido. Era casi la hora de darle leche y después de eso, tenía muchas cosas que hacer, como bañarse, bañarlo y prepararse para mañana.
"El agua caliente debe almacenarse".
Había una fuente termal en la zona rocosa detrás de este edificio, y cuando era una posada, existía una bañera donde se almacenaba el agua caliente que se extraía de allí para que los viajeros pudieran darse una ducha. Era una rutina diaria para ellos bañarse con pétalos de rosas flotantes. Además, era muy útil tener aguas termales y baños para quitar los dolores corporales porque, aunque no eran tan grande como los baños romanos, había suficiente agua como para que siempre pudieran mantenerse bien limpios. Y en momentos como esos estaba realmente contento de haber logrado alquilar el edificio. Él lo reparaba, le daba mantenimiento, lo pintaba y lo remodelaba constantemente. Si no lo hiciera, permanecería en ruinas, se convertiría en un hogar para personas sin hogar y un hábitat para animales salvajes.
"Solo puedes vivir aquí. Siempre que tengas tu identificación de refugiado".
Eso fue lo que le dijeron. Y gracias a eso, pudo tener un hogar para su pequeña familia. Limpió el comedor del primer piso, lo convirtió en un café, y la pequeña habitación detrás se usó como su habitación y la de Michalis. Si abría la puerta en el lado opuesto de la recámara, encontraría entonces una sala de almacenamiento bastante grande y un baño en la parte de atrás. El resto era un almacenamiento subterráneo. Luego, en el segundo piso, había unas cuatro habitaciones de invitados y un inodoro. ¿Pero eso era suficiente para atraer a alguien que lo quisiera ayudar? Estaba construido frente a un gran bosque, por lo que era posible que los animales salvajes como osos y lobos, así como los ladrones, pudieran atacarlos.
Nico entonces dirigió su mirada hacia el arco y la flecha, la espada y el hacha que colgaban de la pared. En caso de que algo sucediera, tenía las armas listas para lograr defenderse. Además, siempre llevaba una daga adentro de su cinturón en caso de emergencia. Se preocupaba, no por él, sino por su pequeño bebito. Y no solo eran los bandidos y los animales salvajes los que eran peligrosos. Él era un Omega, una madre soltera, y a veces eso era suficiente para llamar a los hombres problemáticos a lastimarlo. A menudo decían que era una puta así que por eso siempre mantenía la puerta bien cerrada.
Existían prostitutas y prostitutos masculinos en esta ciudad, pero eran pocos y cobraban muchísimo. Además, había muchas personas que estaban sexualmente insatisfechas, por lo que ya le habían intentado romper las cerraduras por la noche. Dicho esto, si era posible, en realidad le gustaría tener a alguien que pudiera hacer de guardaespaldas y que pudiera vivir en el segundo piso para correr en cuanto algo malo ocurriera.
Pero en realidad, todos los que podían trabajar estaban ya bastante ocupados. Sólo los ancianos jubilados o los adolescentes que buscaban trabajo podían aceptar. O tal vez, presos que acababa de salir de prisión. Y eso no podía aceptarlo.
"Ahora tengo que prepararme para mañana."
Siempre se despertaba a las 5 de la mañana, cuidaba las hierbas y las rosas en el patio trasero mientras horneaba pan, recogía todo lo que podía comer y luego cerraba la puerta con llave. Pero cuando estaba mirando alrededor, el bebé empezó a llorar desde la cuna. Michalis estaba inquieto otra vez, y gritaba mucho.
"Mi hermoso bebé está despierto."
"¡Aaaah!"
"Ahora, tomemos un poco de leche. Bueno, las ciruelas están madurando bien, así que mañana haré jugo de ciruelas para ti. ¿Qué tal?"
Siempre que hablaba con él, Michalis aplaudía con bastante alegría. Sus diminutas manitas eran tan adorables que siempre pensaba que terminaría rompiéndolas al agarrarlas.
"Ni-kyun... Baa... Ni-kiyu... Baa-baa".
Su rostro sonrió involuntariamente solo con mirarlo.
Para Nico, su pequeño niño Michalis era su única familia. Solo tenía un año, pero era lo suficientemente inteligente como para entender lo que estaba diciendo. Por supuesto, no pensaba que supiera del todo el significado correcto de ciruelas y jugo, pero si creía, que en el fondo de su cabeza, sabía que era algo bueno. ¿O era porque mamá le estaba hablando con una sonrisa que captaba ese tipo de atmósfera de inmediato? Después de todo, era un bebé muy sensible.
La leche de cabra se puso a hervir, se diluyó con agua y se colocó en un pequeño frasco de cristal que utilizaba cómo biberón. Así que se sentó en una silla en la tienda, abrazó a su bebé, que sonreía suavemente, y le dio de comer.
"Ya está, mi pequeño niño. ¿Eh? Lo siento señor pero, la tienda ya va a..."
Nico estuvo a punto de decir que la tienda ya estaba cerrada, pero mantuvo la boca abierta cuando lo escuchó decir:
"Contrátame aquí".
"¿...?"
"Quiero que me contrates".
Un hombre apareció de repente en la tienda, con la pizarra en la mano.
Era alguien que vestía lo más sucio que podía. Pocas veces había visto un ser humano tan lleno de lodo. Tenía una capa que cubría su cabeza, cabello despeinado y un parche negro en el ojo izquierdo. Llevaba un bastón y arrastraba la pierna. En algún lugar de su cerebro, puedo entender vagamente que tenía pelo negro, ojos oscuros y un rostro digno. Pero en ese momento, Nico ni siquiera tuvo tiempo de mirarlo bien a la cara.
Tags: baca manga Quiero cuidar este hermoso amor Cap 1 bahasa Indonesia, komik Quiero cuidar este hermoso amor Cap 1 bahasa komik Indonesia, baca Cap 1 online, Cap 1 baru komiku, Quiero cuidar este hermoso amor Cap 1 chapter, high quality sub indo, Quiero cuidar este hermoso amor manga scan terbaru, manhwa web, , GISTAMI'S HOUSE