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Capítulo 1

Su cuerpo estaba tan caliente que pensó que su sangre iba a comenzar a hervir.

Su piel palpitaba.

Una vertiginosa sensación de placer.

Un estallido.

Todavía recordaba el calor, el placer y la manera en que este cuerpo virgen acogió a ese hombre como una prostituta bien entrenada.

La alegría.

El miedo.

Más desconcierto que miedo.

Un mar tormentoso, un intenso placer y una tormenta abrazadora.

Lo retuvieron sólo una vez esa noche, pero los recuerdos, que no se desvanecían incluso después de varios años, se convertían en sueños que le hacían eco en la cabeza.

Igual que siempre.

"Yuugo Mizuno".

"..."

"¡Yuugo!"

"¿Ah?"

El hombre recobró el sentido ante esa voz.

En un asiento junto a la ventana, un anciano estaba sacudiendo la mano de derecha a izquierda para intentar conseguir su atención.

"Lo siento, estaba... ¿Quiere pedir algo más?"

Estaba distraído, fue completamente su culpa.

"Otro café. ¿Te sientes mal?"

"No, no, estoy bien. Lo siento. Desde que me hice cargo del restaurante, me he acostumbrado a tomármelo con calma y a veces me... Me tranquilizo de más. Fue solo eso".

Para ser honesto, estaba muy cansado. Más lento...

Mirando el calendario, comenzó a preguntarse si este mes el celo vendría un poco más temprano que antes. Si ese era el caso, entonces tenía que tomar medicina. No, en lugar de eso, era mejor tomar azúcar.

"Es una cafetería muy pequeña, así que es mejor tomarlo con calma. No te apresures pequeño jefe."

En el pasado, solía decir cosas como: "Por favor, no me llamen jefe", pero como todos los clientes regulares lo hacían, al final no tuvo más remedio que aceptar.

Yuugo, quien originalmente tenía una personalidad muy calmada y pasiva, solo asintió, se acomodó el delantal y dijo: "Está bien." Con esa sonrisa tan brillante de siempre.

Tenía veintiocho años, pero era terriblemente tímido. Cuando trabajaba como secretario del presidente, era un poco más ambicioso y en realidad, era de esos hombres que coordinaba y negociaba con las personas que conocía por primera vez sin ningún tipo de problema. Ahora ese fuego se había apagado hasta extinguirse por completo y mientras regresaba al mostrador del café y molía los granos, reflexionó que tal vez esos tiempos en los que hablaba con confianza habían desaparecido.

Originalmente Yugo carecía de "amor" por si mismo y tenía una personalidad introvertida. Una cara plana. Sin embargo, a menudo le decían que incluso con esa expresión tan seria, que sus ojos fueran grandes, con las esquinas caídas, y tuviera párpados dobles, ayudaba a que pareciera como si siempre estuviera sonriendo. Medía un poco más de 1,70 centímetros de alto y su cuerpo era delicado y muy flaquito. En la secundaria muchas veces le confundían con una niña y por eso mismo empezó a tener complejos. Después de convertirse en miembro de la sociedad, pudo tomar todas sus debilidades en una bolsa y ocuparlas a su favor para volverse sociable. En parte porque fue bendecido con un jefe maravilloso y también, por tener la alegría de hacer un trabajo que le iba bien a su inteligencia. Su personalidad introvertida se fue abriendo de poquito en poquito y un mundo que antes era increíblemente aterrador, pronto le mostró que también podía ser brillante.

Pero entonces nació Kouta.

Se produjo cierto cambio en su cuerpo, fuera de su cuerpo, y todos esos sentimientos de satisfacción se desvanecieron hasta dejarlo sin nada. No quería aceptarlo, pero incluso comenzó a tener mucho miedo de salir de su habitación por un tiempo y ni hablar de irse lejos de casa. Ahora podía manejar la tienda por su cuenta y también, aunque a ratos, podía mantener conversaciones más largas con los clientes.
Por eso mismo Yuugo siempre había pensado que había sido bendecido con este pueblo. Con su familia, los colaboradores de la tienda y las personas, amigos de toda la vida, que lo apoyaban con el café.

Y es que "Coffee Mizuno" era una cafetería retro en el centro de la ciudad. Algo que empezó porque su abuela, que soñaba con abrir una cafetería desde niña, la puso en marcha utilizando todos sus ahorros de la vida. El interior estaba hecho de madera, y las mesas tenían decoraciones de granos de café. Pero aunque ya se habían retapizado las sillas en piel y se volvieron a pintar las paredes, en realidad el mobiliario seguía siendo el mismo de hace 40 años. En la tienda sonaba música clásica, la televisión tenía antena, y los clientes conversaban y leían periódicos.

Cuando Yuugo era niño, vivía separado de sus abuelos, pero en realidad visitaba esta tienda con mucha frecuencia. Los clientes habituales del lugar llamaban a Yuugo "Yuugo-kun" y "Yuu-chan", y cuando su abuela estaba ocupada en la cocina, le hablaban, le enseñaban a jugar, y le daban cientos y cientos de dulces y galletas. Con el tiempo, comenzaron a llamarlo "Jefe", y después, gracias a su presencia y al hecho de que esta gente no juzgaba ni decía palabras mal intencionadas, incluso alguien como él pudo pretender ser el jefe de la cafetería de una manera orgullosa y atenta hasta el día de hoy.

"Me pregunto si ya es hora de que regrese".

Mientras estaba sirviendo recargas de café a sus clientes mayores y sirviendo bebidas heladas a los clientes más jóvenes, una anciana, que también solía venir todos los días, miró el reloj de la tienda y dijo: "Sí, ya es hora".

Y en ese momento, justo en el instante adecuado, se escuchó el sonido de una bicicleta frente a la tienda y la campanita del manubrio.

"¡Llegamos!"

La voz de una mujer joven, seguida por una vocesita más chiquita que decía: "¡Sí!"

Un cliente junto a la ventana se asomó a la calle y dijo: "Oh, parece que tienes algún extraño poder de manifestación, Yuu-chan". Y unos segundos después, la puerta de la tienda se abrió para revelar a una criaturita bastante chiquita junto al enrejado. Ella era la hija de Yuugo, Kouta Mizuno, y hoy era su segunda semana en el preescolar.

"Bienvenida de nuevo, Kouta"

Era una carita con una sonrisa natural. Cabello color miel que rebotaba en todas direcciones, como un patito, y unos brillantes ojos color ámbar que no dejaban de buscar a su papá.

Cuando llegaba a la tienda, la niña, siguiendo las indicaciones de los adultos, tomaba su mochilita y se mantenía bien derechita, con las extremidades estiradas y sin moverse ni un milímetro. Siempre, siempre comenzaba a tener la necesidad de tomarle cientos de fotos para guardar lo hermosa que se portaba después de la escuela.

"Muchas gracias."

Cuando Yuugo se acercó a la reja y recogió a su pequeño bebé entre los brazos, el cabello de Kouta se erizó sobre sus mejillas hasta entregarle un olorcito a sudor que todavía no era desagradable.

"Kana-chan, Serina-chan, muchísimas gracias. Su abuela siempre la recoge del jardín de infantes así que, lamento los problemas de hoy"

"¿Cuáles problemas, tonto?"

Dijo en un tono animado, similar al de la abuela. Kana era hermana de Yuugo. Ella también nació en esta zona céntrica, se casó con un compañero de clase de Yuugo, quién era dueño de una pastelería, y se mudó muy cerca del barrio para poder criar a su niña, Serina, que era un año mayor que Kouta y que asistía a la misma escuela.

"No pasa nada. Es el camino a casa de todos modos".

"Ah, por cierto Kana-chan. Se trata de la cantidad de pastelitos. ¿Puedes decirle a tu esposo que por favor aumente la entrega a diez a partir de mañana?"

Kana, que estaba a punto de irse, fue detenida de inmediato por Yuugo. Los dulces que se servían en "Coffee Mizuno" estaban todos hechos por el compañero de clase de Yuugo y esposo de Kana, Taniguchi, que era el Pastelero más famoso del lugar con el local más concurrido de toda la zona centro. Y aunque el hombre tenía su propia tienda, solo los pasteles vendidos al por mayor a "Coffee Mizuno" eran por pedido especial y obviamente, los creados por la receta especial de Taniguchi. Él hacía tres tipos de pastel, de fresa, chocolate y durazno, y tres tipos de budín con fruta. Pero aunque eran pocos, la reputación era tan buena que recientemente había aumentado el número de clientes que venían por pastel y budín.

"Por supuesto que está bien. Mi esposo también dijo que iba a comenzar a aumentar la cantidad."

Cada mes, en un momento determinado, la compra de dulces aumentaba en pequeñas cifras. Sin embargo, incluso si compraban más, no tenían una gran diferencia en cuanto a las ganancias y, según el caso, solo aumentaba el esfuerzo por parte del pastelero. Por eso siempre estaba agradecido de que respondiera de buena gana.

"Gracias, que bueno verte"

Cuando inclinó la cabeza cortésmente, Kana y Serina se fueron con una leve sonrisa y dijeron: "¡Nos vemos mañana!"

"Hoy nos quedaremos en la casa de la abuela, ¿Está bien, amor?"

Kouta, quien estaba siendo sostenida por Yuugo, todavía agitando una pequeña mano hacia Serina, arqueó las cejas ante la sugerencia y dijo "Ujum" con una mueca.

"Ve a la tienda, anda"

Cuando lo bajó de sus brazos, comenzó a caminar rápidamente y luego casi corrió. Yuugo suspiró un momento, se acomodó la ropa y abrió la puerta. En el interior, todos los clientes saludaban a la niña diciendo: "Bienvenida de nuevo, Kou-chan" hasta hacer que su rostro, que parecía un poco deprimido, se iluminara como una pequeña linterna en el jardín.

Siempre fue solo Yuugo, su mamá y su hermana así que en realidad no había nadie cuando llegaba a casa. Ahora Yuugo estaba tratando de ser diferente, pasar el mayor tiempo posible con Kouta y hacer que no se sintiera sola ni una vez. Pero tal vez porque creció rodeada de mucha gente desde que era una bebé, cada vez que sentía un ambiente más apagado, como la casa de su abuela, comenzaba a ponerse tan irritable que hasta comenzaba a llorar.

(¿Exactamente a quién te pareces?)

Murmuró mientras perseguía la espalda de su pequeña hija.

Le gustaban los lugares animados.

Le gustaba tomar una siesta en un parque concurrido al mediodía y cuando le preguntaba si se sentía inquieta con el ruido, decía que no.

(Bueno, ya lo sé... No hay manera de negarlo.)

Aun así, la historia del otro padre de Kota era devastadora para Yuugo. Nunca decía mucho, en primer lugar porque había demasiadas cosas de las que no podía hablar. Es decir, él explicaba que aproximadamente un año antes de que naciera Kouta, Yuugo fue a Estados Unidos, conoció a una mujer y tuvo a la niña. Su madre murió al dar a luz y Yuugo desarrolló una enfermedad incurable, por lo que regresó a la casa de su mamá con su pequeña. Renunció a su trabajo como secretario y crió a la bebé con su propia fuerza.

Pero solo la abuela, la madre y la hermana de Yuugo, tres años mayor que él, sabían que la historia era falsa. En primer lugar, Yuugo ni siquiera viajó a América. Pero aunque había estado en Japón durante mucho tiempo, las características distintivas de Kouta y su cabello y ojos brillantes hicieron que el perfil falso fuera convincente. Tal vez por lástima por el hecho de que Yuugo padeciera una enfermedad intratable y perdiera a su mujer cuando acababa de nacer la niña, hizo que todos los clientes habituales y vecinos no hablaran del asunto. Y gracias a su consideración, todo se había vuelto un poco más fácil.

Si los tiempos cambiaran y la constitución especial de Yuugo se volviera más conocida en el mundo, podría confiar en ellos y decirles, pero, no había garantía de que llegara ese momento y no estaba seguro de si podría explicarle a Kouta cuando creciera.

El padre de Kouta no era Yuugo.

La extraña verdad era que Yuugo fue quien se embarazo de ella.

Y eso lo volvía su "mamá"

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