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- Cap 3

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Chapter 3

Aunque dirigían un negocio muy bueno como asesinos a sueldo, en realidad recibían muy pocas solicitudes al año. Tanto que, si ocupaban las ganancias para irse de vacaciones de Navidad, sus ahorros se agotarían rápidamente.

Era por eso que Uranake también era comerciante, ayudaba a recopilar información en un pequeño laboratorio, era mensajero y servía como escolta. Además, era diestro con las manos y era valorado como ayudante en áreas donde los hombres bestia eran débiles.
Cuando se necesitaba violencia, habilidades numéricas y una gran capacidad analítica, entonces se convocaba al intimidante, pero muy inteligente Agah.

Pero tanto Agha como Uranake no siempre eran indispensables al mismo tiempo. No solían decirse cosas como "Uranake, no aceptes ese trabajo" o "Agah ¿no deberías decir que no a eso?" Y entonces, cada uno de ellos llenaba sus agendas, acomodaban sus horarios y decían: "Estaré fuera con este tipo de trabajo a partir de la próxima semana" o "Dado que ya fui contratado, estaré lejos por dos días. No me esperes." Era muy simple, y la verdad era que les funcionaba ser bastante directos el uno con el otro.

Pero dos semanas después de matar al adicto al opio, Agah fue a trabajar solo y dejó a Uranake libre todo el día. No tenía que preparar almuerzos para nadie, así que decidió irse a un restaurante chino en Chinatown para conseguir un poco de sopa, carne y regresar. Después de eso, fue de compras para la cena y consiguió cerdo estofado y camarones con chile, espinacas salteadas y algunos otros artículos en la tienda de "delicatessen". Obviamente no eran artículos muy necesarios, pero Chinatown tenía las cosas favoritas de Agah por lo que siempre se detenía allí para llevarle algo que pudiera hacerlo feliz.

Cuando estaba comiendo, recibió una llamada de Agah diciendo que llegaría hasta pasada la hora de la cena. Los trabajos que tomaba tenían muchas irregularidades, por lo que a menudo llegaba a casa muy tarde en la noche o hasta el día siguiente. Siempre era así, pero igual compró esto y aquello para Agah, pensando que volvería a casa con muchísima hambre.

Sosteniendo una botella de vino "Shaoxing" en su brazo derecho, Uranake se desvió del camino y entró en un vecindario lleno de pequeñas tiendas bonitas.

Y tan pronto como ingresó a la calle principal, la cantidad de turistas disminuyó y comenzaron a verse muchos puestos callejeros diseñados para que los lugareños compraran los artículos para sus necesidades diarias, sin preocuparse por ir más lejos.

"¡Bang wo!"

Un grito agudo resonó en toda la zona.

El idioma chino no era raro al estar en Chinatown, pero su significado era inusual. Significaba "ayúdame."

Uranake se volvió hacia la dirección de la voz. Cuando estaba mirando directamente a su lado derecho, dos orejitas blancas aparecieron alrededor de los muslos de un adulto que pasaba por allí.

"¡Oye, cuidado!"

Una pequeña coneja.

Una conejita bebé, de pelaje muy suave.

A juzgar por el hecho de que tenía la forma de un ser humano, excepto por las orejas y la cola, no era una mujer bestia, sino un "no humano". A diferencia de las bestias, ellos no parecían animales completamente y podían aparentar ser tan normales como cualquier otra persona. Sin embargo, la mayoría de los "niños no humanos" no podían ocultar su verdadera naturaleza, como sus orejas y sus colas, por lo que siempre estaban expuestas.

Entonces, la coneja bebé se abrió paso entre la multitud y corrió hacia él, casi cayéndose en el intento.

Del interior de un abrigo pequeño, bastante fino para utilizarlo en pleno invierno, había un vestido de encaje de punto barato lleno de mariposas. Cada vez que se movía como si estuviera volando, su cola perfectamente redonda, como un bombón, se balanceaba de aquí para allá.

"¡Wow!"

Voló al seno de Uranake.

"¡Jiu jiu wo! (¡Salvame!)"

"... ¿Qué estas diciendo?

"¡Kuaipao! ¡Gankuai! (¡Corre rápido! ¡Date prisa!)"

Uranake, que no entendía el chino, sostuvo a la conejita con ambos brazos y la acomodó contra su pecho. Luego la escuchó gritar a todo volumen:

"¡¡¡¡Corre!!!!"

La inteligente cachorrita cambió de inmediato al japonés y gritó más fuerte:

"¡¡¡¡Hay que irnos!!!!"

"¿¡Por qué!?"

"¡Porque me están persiguiendo!"

La conejita bebé apuntó hacia atrás con sus largas orejas. Allí, había unos hombres muy feos con kimonos largos, llenos de tatuajes y corriendo hacia la bebé.

"¡De prisa!"

"¡De acuerdo!"

Uranake, a quien estaban agarrado por el cabello como si esto fuera una palanca de control, comenzó a correr con toda su fuerza.



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