Una pareja que regresa a su nido. - Cap 7
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Chapter 7
"... Um, Agah. El hombre adicto al opio que matamos... Creo que hay algo que no nos dijeron. No sé por qué pero, siento que está involucrado con esto"
"También lo he pensado. El verdadero cliente debe estar escondido en algún lugar".
"Si es un proyecto relacionado con el estado, entonces habrá colusión con militares y empresas muy importantes. Parece que fue demasiado pronto para relajarnos".
"Hmm, entiendo. Utilizaré a un informante mañana en la mañana ¿De acuerdo? Ya no te preocupes."
"Te lo ruego, intenta dejar de estar tan ocupado todo el tiempo."
"Lo prometo. Intenta dormir un poco."
"También tú, Agah..."
Se acomodaron en la almohada, juntaron sus labios en un beso y apagaron la lamparita que estaba junto al buró. Era la primera noche que dormían junto con Yuilan así que, como era de esperar, Agha y Uranake se acostaron más temprano que de costumbre.
El pronóstico del clima decía: Nieve ligera a partir del mediodía, así que pasaron toda la mañana del día siguiente comprando ropa, zapatos, ropa interior, muebles pequeños y una vajilla completa para Yui Lan.
"Mira, el color verde y el azul marino me encantan. Creo que este tipo de ropa madura le quedaría bien a la niña."
"El rosa y el naranja también me gustan. Esto es más para invierno".
Agah y Uranake nunca imaginaron que llegaría el día en que elegirían seriamente la ropa para una niña. Y descubrieron que sus gustos en ropa infantil iban para el mismo lado además.
Al final, ambos tenían tantas bolsas en las manos que Yui-lan entró en pánico y pareció ponerse bastante nerviosa.
"No necesito tanta ropa."
"No te preocupes Realmente no gastamos tanto dinero."
Yuilan dudó al principio, pero igualmente comenzó a probarse todo. Le compraron vestidos de flores, zapatos, un sombrero que dejaba meter sus ojeras, cintas, adornos para el cabello y, por supuesto, un abrigo muy esponjoso con una bufanda y guantes rosas. Claro, la ropa que llevaba era de segunda mano, comprada en la iglesia, y la tela alrededor de sus codos y nalgas estaba bastante descolorida. Algunas partes también se sentían apretadas y parecía un poco anticuada para Yuilan, que estaba en crecimiento y que además tenía que usarlo en invierno. Sin embargo, la niña era inteligente y sabía que no podía ponerse exigente con ellos. No quería molestar a los adultos y más que eso, era muy educada para decir que lo odiaba. Incluso cuando se tomaban la tarde en cafeterías, se portaba bien y no pedía nada. Por el contrario, tenía cuidado de no interponerse en la vida personal de Agah y Uranake tanto como fuera posible.
Trataba de hacer todo ella sola, incluso aunque todavía era muy pequeña.
Por la noche, Uranake pareció tener miedo de dejar que una niña de cinco años se bañara sola, así que entró con ella. Sin embargo, lo sacó diciendo:
"¡Es vergonzoso!"
Y lo hizo por su cuenta en unos cuantos minutos.
Como era de esperar, tenía el cerebro suficiente como para hacerles ver que era una digna participante de ese programa nacional del que les había hablado la noche anterior.
Pero una bebé seguía siendo una bebé.
Le gustaban los abrazos y quedarse recargado en el pecho de Uranake. Amaba que trenzaran su cabello y consigió hacer que Agah se convirtiera en su caballo. Además, siempre pedía leche caliente para dormir. Fue algo cómodo y les permitió tener una semanas acompañadas de una sensación de frescura por primera vez en mucho tiempo.
Agah y Uranake habían llegado a sentir que un poco de alegría inesperada había llegado a sus vidas.
El angelito ahora descansaba en la habitación contigua al dormitorio principal. La habitación de invitados estaba en el tercer piso, por lo que no convenía tenerla tan lejos. Antes era una sala de juegos, pero ahora había un sofá cama y un montón de muñecos esparcidos por todas direcciones. De esta manera podía ir y venir entre recámaras e incluso si ocurría una situación inesperada, pensaban que así iban a poder manejarla rápidamente.
Después de confirmar que Yui-lan estaba roncando, Aghi y Uranake fueron a la cama también. Había pasado mucho tiempo desde que entraban allí para hacer algo que no fuera dormir porque, como era de esperar, en este nuevo entorno, tener sexo con un hombre bestia iba a ser tan ruidoso que no podía ni hacerse una sola vez. Uranake no sabía cómo contener la voz así que, en otras palabras, no podían aparearse y no tenía caso estar despiertos.
"..."
En medio de la noche, Uranake se despertó. Dio vueltas y vueltas y comenzó a utilizar la parte superior del brazo de Agah como almohada. En invierno, si Agah lo abrazaba, entonces no necesitaban pagar por calefacción porque ya era caliente sin hacer mucho esfuerzo.
Enterró su rostro en el pecho de su pareja, le dio un besito, y luego se quedó completamente dormido otra vez. Pero a los pocos minutos, los párpados le temblaron y tuvo que enderezarse de nuevo.
"¿... Escuchas eso?"
Atraído por esto, Agah también se despertó. Puso sus labios en la boca de Uranake y dijo en voz baja y ronca:
"Todavía es de noche, seguro tuviste una pesadilla".
Y acostó a Uranake otra vez.
"No... Si se escucha algo."
Levantando el brazo de Agah de alrededor de su cintura, Uranake se sentó en la cama y repitió.
"Están llorando."
Agah también se despertó, se rascó la cabeza y dijo:
"Tienes mejor oído que yo..."
Bostezó, y puso la mano en la pistola debajo de la almohada.
"No. Espera. Está bien... Probablemente es Yuilan".
Uranake encendió la lámpara y miró hacia la puerta. La madera se abrió de par en par hasta que le viejas bisagras crujieron y entonces, Yui-lan apareció allí. Parada, solita, sosteniendo una pequeña almohada con fuerza en su mano derecha mientras arrastraba una manta con la izquierda. Incluso si estaba oscuro, podía darse cuenta de que sus ojos estaban completamente rojos por el llanto.
"Yui-lan, ¿Qué pasa?"
Uranake se arrastró hasta el borde de la cama y levantó a Yuilan con ambas manos.
"¡Buaaaaa! Ma... Ma. Mi ma ¡Buaaaah!"
Con unas manitas pequeñas y redondas y casi nada de fuerza, se aferró al cuerpo de Uranake en cuando lo sintió. Añoraba a su madre y por eso mismo lloraba casi a gritos:
"Entiendo. Entiendo..."
Aunque estaba bien durante el día, este conejo bebé acababa de perder a sus padres hace algunas semanas.
"Uranake, ven aquí. Hace frío."
"Vamos Yuilan."
Agah le dio la vuelta al futón, así que se arrastró hasta allí.
Con Yuilan intercalada entre Agah y Uranake, los tres quedaron bien envueltos en las colchas.
"Buaaaah ¡Mi mamá! Mi mami..."
"Sí, quieres ver a tu mamá..."
Incapaz de encontrar palabras reconfortantes para decir, Uranake abrazó a Yui Lan suavemente. Luego, Agah hizo lo mismo desde el otro lado y comenzó a lamerle la cabeza. Los brazos grandes y fuertes del hombre eran una bendición en momentos como este. Podía sentir esa fuerza que le decía que los protegería absolutamente, pasara lo que pasara. Tanto que le daba una sensación de seguridad que le hacía pensar que todo estaría bien.
"Lo siento, Yui-lan..."
Siento no haber podido proteger a tu madre.
Uranake no sabía mucho sobre la existencia de una madre, pero para Yuilan, debió ser algo insustituible. No era culpa de Uranake, pero se disculpó en nombre de quien la mató y trató de consolarla. No creía que eso hiciera que Yui-lan se sintiera mejor, pero pensó que al menos iba a poder suavizar sus sentimientos de impotencia aunque fuera solo un poco.
Uranake se disculpó porque, básicamente, sintió que no podía hacer nada por ella más que estar allí.
"¡Buaaaah!"
Yuilan presionó su rostro contra el pecho de Uranake.
"Estoy aquí, estoy aquí. Está bien, tranquila".
Agah le acarició las orejas con los dedos y luego hizo lo mismo debajo de su barbilla. La niña se calmó poquito a poquito.
"... Papá, mamá... Los extraño."
"Puedes llorar tanto como quieras. Es normal estar triste ¿Sabes?"
Al igual que Uranake, Agah respondió de una manera increíblemente amable.
Una y otra vez, mientras Yui Lan suplicaba por su padre y su madre, Agah y Uranake la consolaban e inmediatamente después comenzaban a acariciarle la espaldita. Nunca quisieron actuar como los sustitutos de sus padres, pero aun así, si podían consolar a la niña solo por un momento, entonces querían hacerlo tanto como pudieran.
Mientras lo hacían, con mucha paciencia, Yui Lan comenzó a adormecerse hasta que ya no hizo ruido.
"¿Se durmió?"
"Se durmió."
Los dos susurraban la conversación.
"Agah..."
Por un momento, Uranake frunció el ceño.
"¿Qué sucede?"
"…Yui-lan, ¿Está mojada?"
En lugar de Uranake, cuyas manos estaban bloqueadas, Agah volteó lentamente la colcha de arriba.
El pelaje de Agah, y parte de la ropa de Uranake, estaban húmedos.
"Achú."
La conejita dejó escapar un pequeño estornudo entre los dos. Tal vez, cuando estaba llorando, también se orinó. No podían dejar a una niña de cinco años, en pleno invierno, mojada toda la noche.
"¿Qué hacemos?"
Después de todo ¿Era aceptable que un adulto cambiara la ropa de una niña?
Los dos dudaron, pero tomaron una decisión. Para no despertar a Yuilan, que estaba rendida, suavemente, en completo silencio, comenzaron a mover su cuerpo tanto como les fuera posible. Le quitaron el pijama sin mirarla directamente y cuando Uranake colocó la mano en su ropa interior, descubrió que había algo en la entrepierna de la niña que no debería estar allí para empezar. Extrañados, ambos la miraron.
Abrieron los ojos, pero se tragaron su voz de sorpresa de inmediato.
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