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Cap 1
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Cap 1

Sinopsis:

Lee Cap 1 solo por Gistami's House. ¡Siempre actualizamos!

Lee Cap 1

Tomo 1, capítulo 1

Doyeong, que tenía la oreja cerca de la puerta, se mordió las uñas nerviosamente hasta quitarse un trozo de carne. No había manera de que pudiera escuchar los sonidos de abajo porque se suponía que la pared estaba bastante bien aislada de todos modos pero, para ese momento, se sintió como lo único que lograba hacer.

Escuchar en secreto como si eso pudiera cambiar algo.

De hecho, ya que no había pisadas, o chirridos o al menos el tono de una voz en la distancia, comenzó a tener tanta ansiedad que pensó que le iba a dar un ataque o al menos que vomitaría sobre si mismo. Para ser sincero, su corazón empezó a latir como un loco desde el momento en que estaba revisando a los bebés y de repente sintió la energía de su prometido en la acera. Miró por la ventana, quitó la cortina, lo observó y el estómago se le cayó hasta el piso.

Aún era muy pronto, todavía no era el día en el que iba a regresar así que... ¿¡Por qué vino aquí tan de repente!? Sin un mensaje o... Carajo ¿¡Por qué!? Se llenó de curiosidad y de miedo, tomó sus cosas entre sus brazos y se subió a la ventana. Ah, ¡Pero no podía salir corriendo como antes porque ya no estaba solo! Por ahora, sólo le quedaba esperar a que sus padres convencieran a su prometido con la idea de que no estaba allí y de alguna manera, lograra que se fuera antes de que se volviera en algo muchísimo peor.

"Miuuu. Miuuu"

El único ruido que podía escuchar eran los llantos de sus niños, no desde fuera de la habitación, sino en la cama. Los bebés, tal vez al despertarse y buscar leche, se dieron cuenta de que mamá no estaba allí y comenzaron a dar suaves maullidos una y otra vez hasta que, avergonzado, Doyeong se apresuró a volver a la cama y los acarició en la cabecita para que cerraran los ojos. Y eso le hizo pensar que por muy buena que fuera la puerta insonorizada, él podría haber oído llorar a los bebés ya que su oído de felino estaba mucho más desarrollado que el suyo. Sin embargo, no había absolutamente ninguna manera de apaciguarlos rápidamente porque aunque había dado a luz hace un tiempo, era inexperto en todo sentido por lo que las cosas que hacía y lo que se suponía que tenía que resolver como su madre todavía le resultaba desconocido.

"Por favor, dejen de llorar. Shhh. Ya, ya..."

Doyeong, que los estaba lamiendo en la cabeza, sin saber exactamente qué hacer para que no lloraran, rápidamente sacó un paquete de leche materna del refrigerador y comenzó a prepararla. Ya habían pasado dos meses desde la última vez que lactó para ellos así que, en lugar de leche de sus pechos, los niños llenaban sus estómagos con leche de donantes de otros pueblos que su madre había comprado en secreto en el exterior.

Su cuerpo no era diferente al de antes de dar a luz, pero no era el mismo que cuando no tenía a los niños. No es que estuviera conspirando con sus padres para mentirle a su prometido sobre el nacimiento de sus bebés pero resultaba que Doyeong en realidad no tenía otra opción. Por lo tanto, antes de que su prometido regresara a Corea, había jurado que iba restaurar su apariencia al mismo nivel que tenía antes de embarazarse para que no sospechara nada de lo que había pasado. Claro, por fortuna su prometido no había visto su cuerpo desnudo todavía y ya que fue bastante fácil borrar las huellas del parto, empezó a creer que podría funcionar al menos por algún tiempo. No obstante, sin ninguna medida específica, el repentino regreso de su prometido y esta visita a su casa fueron tan inesperados que lo agarraron con la guardia baja.

Los pasos de Doyoung hacia el microondas para calentar la leche materna para los bebés se detuvieron de repente.

"¡Pack!"

"..."

Escuchó el sonido de algo cayendo.

Los ojos de Doyeong se abrieron de golpe y notó que había dejado de respirar. No sabía qué hacer, así que dejó el paquete de leche materna tirado por allí y miró con urgencia hacia la puerta y a los bebés que lloraban en la cama.

Entonces vino el ruido de una pelea.

"¡Déjeme ir!"

Lo primero que escuchó fue la voz de su prometido.

Una voz inolvidable.
Baja, resonante y dura.

Y tan pronto como vino eso, sintió sus feromonas en forma de una energía majestuosa y feroz que hizo que le doliera la cabeza.

Doyeong volvió a mirar a los bebés, asfixiado por la energía que ni siquiera las puertas y paredes podían bloquear, y comenzó a jugar con sus manos hasta estrujarlas con toda su fuerza. Estaba asustado.

Tenía miedo.

¿Iba a matarlos? Entonces ¿Debería tirar a los niños por la ventana antes de eso? ¿Qué tenía qué hacer? ¿¡¡Qué demonios debería hacer ahora!!? Le entró tanto pánico que pensó en algo que nunca hubiera hecho de no ser por la situación actual, caminó hacia la cama como si estuviera poseído y levantó a los niños entre sus brazos.

Entonces se escuchó otro ruido.

"¡Seohan! Por favor cálmate un momento y escucha. Enfría tu cabeza."

La voz de su padre. Una voz aterrorizada y asustada por la energía de ese hombre, pero tan fuerte como para intentar proteger a su familia.

Doyeong corrió apresuradamente hacia la ventana ahora con los bebés entre sus brazos. La abrió y miró para abajo. Pero mientras sostenía a todos los niños contra su pecho y agarraba el anillo de la ventana con la otra mano, perdió el equilibrio, cayó al suelo y ellos se pegaron contra su abdomen tan repentinamente que empezaron a llorar a gritos.

"¡Miaaaaaa! ¡Miiiii!"

La conmoción afuera desapareció en ese momento y pronto, la energía de su prometido se filtró de una manera tan poderosa que a Doyeong solo se le ocurrió sentarse en el suelo y abrazarlos.

"Es mi prometido... ¿Cómo puede ocultarme algo así? Vamos, fuera de mi camino".

"..."

"¡Fuera!"

"Seohan... ¿Vas a romper el compromiso?"

"Ja. Como si eso les conviniera ¡Fuera de mi camino, ahora!"

Su voz era más fría que nunca antes. El hombre había nacido con un estatus que lo colocaba básicamente arriba de todas las personas que tenía cerca por lo que no podía ganarle ni siquiera a alguien como su padre. Tampoco iba a poder hacerlo y por consiguiente, empezó a llorar

Si estaba tan enojado entonces ¿Qué iba a hacer con él y con sus bebitos? Doyeong acarició a los pequeños gatitos peludos, que aún no habían tomado forma humana, y los lamió de nuevo como para mostrarles que todavía estaba allí con ellos. Además, incluso si él mismo se comía a los niños, seguro que ese hombre ya sabía que había muchas vidas en la habitación y, si los arrojaba, definitivamente miraría por la ventana y rápidamente se daría cuenta de que aventó a los bebés a la muerte.

Mientras Doyoung estaba desesperado, la voz de su prometido se escuchó desde afuera nuevamente:

"Desde el momento en que recibió el anillo de compromiso, Joo Do-yeong pasó a ser completamente mío."

Y era la verdad. Desde el momento en que se comprometieron, ya era suyo en cuerpo y alma por lo que la vida y la muerte suya y de los niños estaba finalmente en sus manos.

Él solo era un gato doméstico.

Las lágrimas brotaron de sus ojos hasta un punto en que comenzó a sentirse INCREÍBLEMENTE patético consigo mismo por intentar matar a sus propios bebés. Eso era terrible pero el miedo nubló sus ojos por un momento y pensó que, devorarlos, sería su última muestra de amor para los niños en vista de que de todos modos iban a matarlos.

Doyoung levantó a los niños en sus brazos. Les lamió la cabecita, las lágrimas y finalmente abrió la puerta...

La energía de su prometido, que estaba ligeramente oculta por la madera, irrumpió en la habitación como una ola que hizo que le temblaran las piernas como gelatina. Abrazó a los bebés contra su pecho y los cubrió tanto como le fue posible.

"..."

Temblaba del pánico.

Y quizá porque estaba viendo las colitas de sus bebés retorcerse bajo sus brazos, el aura de su prometido se convirtió en algo de tanta ira que su corazón, que había estado latiendo con fuerza, pronto se descontroló como si fuera a estallar en su pecho e incluso los brazos que sostenían a los bebés se pusieron rígidos por el miedo y gradualmente perdieron agarre. Sin embargo, Doyeong hizo todo lo posible por abrazarlos a todos ellos para que, pasara lo que pasara, él fuera quien recibiera el impacto.

Los gatitos olían a él...

Cualquiera podía ver que estos bebés eran nacidos del vientre de Doyeong.

La voz de su prometido era baja y fría, como la de un animal salvaje, y resonó en su garganta cuando dijo:

"Infidelidad. Ni más ni menos". 



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